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Actualización de las investigaciones sobre perdón y salud

“La investigación psicológica y clínica sobre el perdón  ha crecido exponencialmente durante las dos décadas pasadas. Reconociendo  que los consejeros pueden ser capaces de ayudar a los clientes  no sólo a reducir lo negativo de sus vidas, sino también a promover lo positivo.”

Nathaniel G. Wade (2010)

 En el año 2000, reconocían Thoresen y colaboradores (2000), que no existían evidencias de estudios controlados que mostraran conexiones entre el perdón, la fisiología, la salud o la enfermedad. Sin embargo, a lo largo de esta última década las investigaciones han exhibido múltiples evidencias empíricas para asegurar que ahora sí existen relaciones entre el perdón y la salud. Los resultados de la investigación se han acumulado en tres direcciones, que han mostrado las relaciones entre: 1) la falta de perdón y la enfermedad; 2) el perdón y la salud; 3) las intervenciones de la terapia del perdón con la mejoría anímica y física.

En una revisión de la literatura que realizan Harris y Thoresen (2005), encontraron que la falta de perdón causa problemas sobre la salud de manera similar a otras formas de estrés crónico, como son los casos de la “gente que vive bajo extrema pobreza o en campos de refugiados, veteranos traumatizados en combate o sobrevivientes de violación” (Ídem, 323). Las emociones principales que moviliza la falta de perdón son la ira, la hostilidad, la culpa y el miedo. Las investigaciones encontraron relaciones entre los no perdonadores con problemas de salud de ira y hostilidad. Por ejemplo, Julkunen et al. (1994), descubrieron en una muestra de hombres finlandeses desconfiados, cínicos y con altos niveles de ira que la aterosclerosis de la carótida era el doble que otros hombres sin esos problemas, aún después de controlar otros factores de riesgos biológicos y demográficos. Además de los perjuicios sobre la salud, se ha observado que él no perdonador es una persona enfadada, hostil, que pasa rumiando su enojo, lo cual lo lleva a que los amigos y conocidos se alejen de él. Asimismo, la persona desconfiada y temerosa de nuevos ataques evita el contacto social, reforzando la soledad y el aislamiento, lo cual también afecta la salud social igual que la salud física y mental.

Asimismo, numerosos estudios han documentado fuertes asociaciones positivas entre el perdón y la salud como con el bienestar. Por ejemplo, Toussaint et al. (2001), examinando una muestra de 1,423 sujetos, hallaron relaciones significativas entre el perdón y una serie de reportes de salud mental y física, más allá de las edades de los testados. Otros trabajos posteriores de Kathleen Lawler-Row (2010), de la East Carolina University, basado en 938 personas de la tercera edad, encontró importantes relaciones positivas entre el perdón, el bienestar psicológico y las condiciones de salud, confirmando investigaciones anteriores (Lawler-Rom et al., 2008; 2009). Así como la ira, la culpa y el miedo son las emociones de la falta del perdón, se descubrió que las emociones que constituye el corazón del perdón son la esperanza, la compasión y la empatía.

La tercera prueba de las relaciones entre el perdón y la salud ha descubierto observando los cambios experimentados en la salud física y mental en grupos de personas sometidos a diferentes programas de terapia del perdón. Así, por ejemplo, Waltman (2003) examinó los efectos fisiológicos y psicológicos en pacientes coronarios en un programa de 10 semanas de terapia del perdón, siguiendo el modelo de Enright. Se evaluaron los niveles de perdón, ira, ansiedad y esperanza, además de tomarse medidas del funcionamiento del corazón y de la presión arterial. Los resultados del pretest y el postest al terminar el programa, mostraron cambios significativos en la mejora del perdón y la disminución de la hostilidad, pero no observaron cambios en las medidas fisiológicas. Sin embargo, al realizarse un seguimiento de los mismos pacientes, cierto tiempo después, se verificaron cambios significativos en la salud física, concluyendo que el perdón afecta la salud física a largo plazo. En otro estudio, realizado por un grupo de investigadores de Palo Alto y de la Universidad de Stanford (Harris et al., 2006), evaluaron los resultados de un programa de perdón de 6 semanas, a 259 personas que habían sufrido ofensas graves, encontrando que las intervenciones redujeron los pensamientos y sentimientos negativos, en una proporción de 2 a 3 veces más que el grupo de control, además de aumentar el nivel de auto-eficacia de los participantes, mejorar notablemente la actitud hacia el agresor y disminuir la ira y el estrés. Otro estudio de Reed y Enright (2006), en mujeres abusadas emocionalmente, también encontró que la terapia del perdón reduce significativamente la depresión, la ansiedad y el estrés postraumático.

Un área que ha quedado escasa de investigaciones hasta los últimos años ha sido la relacionada con el auto perdón. Así, por ejemplo, Michael Wohl y colaboradores (2008), decidieron estudiar este asunto, definiendo en primer lugar el concepto de auto perdón, que a diferencia del perdón concedido o recibido, que pertenece al ámbito interpersonal, el auto perdón es intrapersonal o intrapsíquico. Una persona que está enojada con otra podrá buscar vengarse pero alguien que está enojado consigo mismo, buscará dañarse, quizás consumiendo alcohol o drogas o suicidándose. Ahora, ¿cómo es que uno se perdona a sí mismo? “El auto perdón implica la aceptación de la propia responsabilidad y de la pena causada a otra persona, procesando adecuadamente los sentimientos de remordimiento” (Ídem, 2). Siguiendo a Burton-Nelson (2000), consideraron que “el auto perdón es un acto de generosidad y bondad hacia mí mismo después de una acción auto percibida como inadecuada” (Íbid). A partir de esas conceptualizaciones, los autores construyeron una prueba de evaluación, que llamaron State Self-Forgiveness Scales, que demostró ser confiable y constituida por dos subescalas, una de sentimientos y acciones y otra de creencias.  Entonces investigaron a 60 personas, que habían estado en relaciones románticas y habían roto el vínculo en forma enojosa. El estudio demostró que la actitud de culpabilizarse predice la tendencia a la depresión y afecta la salud mental, en tanto, el auto perdón neutraliza esa disposición favoreciendo el bienestar psicológico. Estos resultados corroboran otra investigación que mostró que la “rumiación” o reexperimentación de la injuria disminuye el perdón y aumenta la actitud vengadora (McCullough et al., 2007).

 

 

Referencias

Harris, A.H.S. y Thoresen, C.E. (2005). Forgiveness, Unforgiveness, Health, and Disease. En E. L. Worthington (Ed.) Handbook of forgiveness (pp. 321-334). New York: Brunner-Routledge.

Harris, A.H.S., Luskin, F., Norman, S.B., Standard, S., Bruning, J., Evans, S. y Thoresen, C.E. (2006). Effects of a Group Forgiveness Intervention on Forgiveness, Perceived Stress, and Trait-Anger. Journal of Clinical Psychology, Vol. 62(6), 715–733.

Julkunen, J., Salonen, R., Kaplan, G. A., & Chesney, M. A. (1994). Hostility and the progression

of carotid atherosclerosis. Psychosomatic Medicine, 56, 519–525.

Lawler-Row, K. A., Karremans, J. C., Scott, C., Edlis-Matityahou, M., & Edwards, L. (2008). Forgiveness, physiological reactivity and health: the role of anger. International Journal of Psychophysiology, 68, 51-58. 

Lawler-Row, K. A., & Elliott, J. (2009). The role of religious activity and spirituality in the health and well-being of older adults. Journal of Health Psychology, 14, 43–52.

Lawler-Row, K.A. (2010). Forgiveness as a Mediator of the Religiosity—Health Relationship. Psychology of Religion and Spirituality, Vol. 2, No. 1, 1–16

McCullough, M.E., Giacomo Bono, and Lindsey M. Root (2007). Rumination, Emotion, and Forgiveness: Three Longitudinal Studies. Journal of Personality and Social Psychology, Vol. 92, No. 3, 490–505.

Reed, G.L. y Enright, R.D. (2006). The Effects of Forgiveness Therapy on Depression, Anxiety, and Posttraumatic Stress for Women After Spousal Emotional Abuse. Journal of Consulting and Clinical Psychology, Vol. 2, No. 1, 1–16.

Thoresen, C. E., Harris, A. H. S., & Luskin, F. (2000). Forgiveness and health: An unanswered

question. En M. E. McCullough, & K. I. Pargament (Eds.), Forgiveness: Theory, research,

and practice (pp. 254–280). New York: Guilford Press.

Toussaint, L. L., Williams, D. R., Musick, M. A., & Everson, S. A. (2001). Forgiveness and health:

Age differences in a U.S. probability sample. Journal of Adult Development. 8, 249–257.

Wade, N.G. (2010). Introduction to the Special Issue on Forgiveness in Therapy. Journal of Mental Health Counselin, Volume 32, Number 1, January, 1–4.

Waltman, M. A. (2003). The psychological and physiological effects of forgiveness education in male patients with coronary artery disease. Dissertation Abstracts International: Section B: The Sciences & Engineering, 63(8-B), 3971.

Wohl, M.J.A., DeShea, L. y Wahkinney, R.L. (2008). Looking Within: Measuring State Self-Forgiveness and Its Relationship to Psychological Well-Being. Canadian Journal of Behavioural Science, Vol. 40, No. 1, 1–10.
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